Un año sin pantallas: ¿Qué impacto tuvo en las aulas de Palermo la regulación del celular?
Ya pasó un año desde que se implementó en las escuelas de la Ciudad la regulación que restringe el uso de celulares y otros dispositivos en las aulas, y en nuestra Comuna 14, que tiene una alta densidad de instituciones educativas tanto públicas como privadas, se empezó a notar cómo impactó esta medida en la dinámica diaria. El debate sobre si el celular distrae o es una herramienta educativa llegó a su fin con la normativa, y ahora la atención se centra en cómo las escuelas de Palermo se adaptaron a este nuevo panorama, buscando recuperar la concentración y el foco de los chicos durante las clases.
La medida alcanza a establecimientos emblemáticos del barrio, tanto los que están cerca de la zona de Alto Palermo, como aquellos más próximos a Las Cañitas o los Bosques. El desafío es importante: reeducar a los alumnos y también a las familias sobre la desconexión digital durante el horario escolar. Los directivos y docentes de las escuelas de la Comuna 14 reportan, en líneas generales, una mejora en la convivencia y una menor dispersión en el aula. Si bien la implementación siempre genera resistencias iniciales, se observa que en el segundo tramo del año la medida se naturalizó, logrando que los alumnos vuelvan a interactuar más cara a cara en los recreos, dejando de lado la «pantalla» en esos momentos de socialización clave.
La realidad es que en un barrio como Palermo, con un ritmo de vida intenso y una alta exposición a las nuevas tecnologías, la escuela se convirtió en un «refugio» libre de dispositivos, al menos por unas horas. Esta regulación, si bien es a nivel Ciudad, tiene un eco particular en nuestra Comuna. La clave para que funcione es el trabajo de contención y la aplicación de métodos alternativos para que la tecnología, cuando se necesite, sea provista por la escuela y no por el dispositivo personal. Este balance, que busca mejorar el rendimiento académico y la salud mental de los jóvenes, es lo que se está evaluando ahora, un año después de que las pantallas salieran de las mochilas. La conclusión preliminar que se maneja es que la pausa digital logró el efecto buscado: mayor atención y menos conflictos en el ámbito escolar.

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